lunes, noviembre 06, 2006

Yo y las pieles de Otoño


Desde chiquito me ha gustado juntarme con personas mayores ( de hecho la mayoría de mis amigos son mas viejos que yo). Era del tipo de muchacho que iba y pasaba horas y horas hablando con mi madrina o la madrina de mi hermano (Q.E.P.D.)
Me fascinaba escuchar historias de otros tiempos, de otras épocas y la verdad lo disfrutaba bastante.
Por lo que mi mama siempre decía que iba a terminar casado con una mujer mayor.
Por cosas de la vida sucedieron algunos incidentes que sin duda convencieron a mi mama que ella tenía razón.
La madrina de mi hermano estaba una anciana ya y no tenia familia en Puerto Plata, por lo que cuando la sirvienta tenia su día libre, ella llamaba a mi hermano (yo tendría para esa época algunos 10 años) para que la acompañara a dormir en su casa por si se enfermaba o algo, pues resulta que a mi hermano no le gustaba ir y el que terminaba yendo siempre era yo.
Doña Sisa era una anciana de origen alemán, había nacido y vivido toda su vida en San Marcos, un campito de Puerto Plata donde tenían grandes ganados y tierras. Le tenía mucho cariño y ella a mí también, por lo que pasábamos unas veladas muy agradables viendo televisión y hablando de su época de juventud.
El incidente sucedió una noche en la que nos acostamos temprano (mi cuarto quedaba junto al de ella y la puerta estaba abierta por si sucedía algo)
Al otro día me fijo al llegar a mi casa que ponen verja y aseguran todas las puertas, le pregunto a mami y es ahí que me entero de golpe y porrazo que
un servidor (ósea yo!) era sonámbulo. Resulta que doña Sisa llamo a mami en la mañana y le dijo que yo camine dormido hasta su cama y que me acosté al lado de ella y la abracé.
Supuestamente ella me volvió a llevar dormido a mi cama y yo volví a hacer lo mismo por dos ocasiones.
La razón de las verjas eran por si sonámbulo iba y me tiraba del 2do piso. (Yeah rigth)
Después de eso no hubo mas sonambulismo por lo que me pregunto a veces si no serian sueños o imaginaciones de doña Sisa, pero duraron un tiempo largo relajándome con ese asunto en mi casa.

El otro fue un especie de triangulo amoroso imaginado por la mente de un vecino celoso.
Resulta que debajo de mi departamento vivía una señora que llamaremos Lola
(q.e.p.d.) y su esposo un militar retirado.
Doña Lola era loca conmigo, me veía como un nieto, recuerdo que para un cumple mío duro toda una tarde haciéndome un pastel. Bueno pues un día no se que fue lo que hice que ella me dio un abrazo y días después me entero que en la casa hubo un problema entre ella y su marido por que supuestamente el me vio agarrándole los senos. El asunto me dio risa al principio pero luego me enfade y no le dirigí la palabra al esposo por un largo tiempo hasta que el me pidió excusas.
Pero ya todo el mundo lo sabía y también mi supuesto gusto por las mujeres mayores.Las vainas que me pasan a mi no tienen madre!