viernes, febrero 10, 2006

Vengada (Version Original) Episodio.4





Me seque las lagrimas y procedí a amarrarlo con el tape que traía, solo faltaba una sola cosa mas por hacer, en ese instante razone que no había planeado que haría después de matarle ni que seria de mi, pero por Felicia estaba tranquila, ella no estaba sola tenia a mi madre y mi padre, en cuanto a mi ya vería que haría, después de comprobar que estaba bien maniatado, le acomode como pude en un mueble y fui a la cocina, abrí uno de los cajones y tome un afilado y grueso cuchillo que conocía muy bien, pues yo le había regalado el mismo para las parrilladas a las que era tan aficionado, cerré el cajón y me dirigí de nuevo hacia la sala, cuando un débil ruido procedente del cuarto llamo mi atención, acaso no estaba sola?, con el cuchillo al frente entre en la habitación, solo había una caja de zapatos en el piso y abierta fuera de ella habían dos hermosos zapatos negros de estileto, que al parecer había tumbado Boli, el gato Angora de Fabricio, el animal se entretenía husmeando los largos y finos tacones, visto quien era el causante de mi susto, Salí de la habitación y me dirigí a terminar lo que había empezado.


Todos sonamos con un día, ir caminado por la vida y “casualmente” encontrar en un rostro el amor, pero al paso de los años, también van pasando las esperanzas, algunos se resignan otros en cambio deciden buscar por cualquier medio o a toda costa, esa pieza que falta en el armazón de su vida, si, todos sonamos con ese día, pero Fabricio nunca soñó. al menos no soñó mi sueño ni el de las victimas que había dejado por el camino, ahora mi hija era su victima y no iba a permitirlo, ella seria si seguía con el otra mujer mas con el corazón roto y sin ganas de vivir, que dejaría adicta a sus ojos, a su sonrisa a su trato de caballero, el cual cambiaria completamente en un tiempo inmediatamente consiguiera su “botín”, Pero es menester saber, que en el juego del amor hay ganadores y perdedores, y los que juegan ese juego debe advertírseles que llega un día que la suerte les abandona y lo pierden todo, yo había perdido, pero como mala jugadora que siempre he sido en estos asuntos, estaba haciendo algo al respecto, algo para descalificar a ese jugador tan hábil, que me había humillado y dada como iban las cosas, al parecer en la revancha yo iba a salir la vencedora, un débil gemido me hizo mirarlo, ya volvía en si, estaba amarrado en el suelo, muy bien amarrado, no podría moverse, de eso me había asegurado varias veces. Ahora era yo la que le miraba desde arriba, ahora era yo una cobra y el un hermoso conejito.
Se encontraba en el piso, como tratando de entender que le había pasado, su cara se había hinchado bastante, al verme de frente a el y con el cuchillo en la mano, trato de gritar pero el tape que tenia en los labios le impedía hacerse entender.
Me acerque a el riendo, estaba disfrutando ese momento, estaba disfrutando tener el poder de la situación, le pase el cuchillo por varias partes de su cuerpo, centrándome en el área de su pubis y de su falo, su rostro solo gemía y gemía y al parecer estaba llorando.
-sabes Fabricio?, dije con una voz aniñada y melosa,- sabes que soy una romántica enperdenida y no le encuentro más poesía que terminar contigo clavándote este cuchillo en el corazón, te acuerdas que te lo regale yo?
Y reí histérica, era como si yo me estuviese viendo desde arriba y la ira hubiese tomado posesión de mi cuerpo.
Acercándome a el, pose mis labios por encima del tape que cubría su boca, le bese y le dije adiós, tome el cuchillo y lo puse en el lado izquierdo de su pecho, por donde sentí el latir desbocado de su corazón, puse la mente en blanco, no quería pensar.
Justo cuando me disponía a dar la estocada, el mundo tembló, todo me dio vueltas y caí de bruces al piso, no me podía mover y mi vista estaba borrosa, cuando pude ver un poco mas claro, hubiese preferido haber quedado ciega, era Felicia que lloraba y desataba a Fabricio, de su mano colgaba un zapato negro de estileto con el taco embarrado de sangre, mi sangre. el la abrazaba y me sonreía con la sonrisa de la victoria, luego se aparto de ella, fue a su habitación y regreso con un bate, felicia no me miraba ni me dirigía la palabra, solo lo miraba a el, como si el lo justificara todo, yo ya sabia que era sentirse así, yo ya sabía el efecto que ese hombre podía provocar, le dio un apasionado beso y el la mando al cuarto, el me miraba desde arriba, era de nuevo la cobra, me sonrió(esa sonrisa!) y me dijo, - lo siento, yo no soy tan romántico como tu-, al tiempo que dirigía el bate hacia mi cabeza con todas sus fuerzas, dándome un fuerte golpe, después de eso, todo fue oscuridad.


Fin.