viernes, febrero 10, 2006

Vengada (Version Original) Episodio.3



-sírvete café si quieres, acabo de hacerlo, esta en el termo. me dijo
-No gracias Fabricio, no he venido a beber café, farfulle en un tono siniestro que hasta a mi me sorprendió -he venido a hacer algo que debí hacer hace mucho tiempo.
-que?- grito desde el cuarto donde se estaba secando y poniéndose ropa.
-te decía que gracias, mentí, pero en ese instante, tan claro como la aurora sabía que aquello terminaría para siempre ese día, que le haría pagar, le haría pagar al maldito su falta de escrúpulos. -Al final a ver que tardaba me levante de la silla y fui a la pequeña cocina donde me serví el café.
Por que la cosas habían tomado aquel cauce?, por que el amor siempre que llegaba a mi me dejaba devastada, mi alma estaba rota, me imaginaba siendo un zombie que va por la vida sin sentir, sin vivir, bloqueando las vías por las que el amor o el afecto se abrieran camino, te odio mi amor aquello era contradictorio pero enmarcaba y postulaba en el universo de Carolina Prats, mi universo, lo que se debatía en mi alma cansada pero aun dispuesta a un ultima lucha, la lucha subjetiva de mis sentimientos y mi razón.
- Es extraño que vengas a estas horas y sin avisar, -dijo esto sentándose en una silla y mirándome con curiosidad.-
- pasa algo?, dijo como reflexionando para si, luego me miro con sus dos esferas color miel en las cuales me había sumergido tantas veces, aquellos dos pedazos de universo en los cuales soñé volar por ellos sin limite ni espacio, pero que al tiempo que me habían enseñado a volar, me habían cortados las alas, quizás para siempre, pero le haría pagar, no solo por mi, por ese angelito también que había ensuciado con su alma rastrera.
Intente desentrañar muchas veces que le motivaba a ser de esa manera, tenia unos 35 años, era un hombre muy atractivo, simpático, con fortuna, sin embargo le apetecía ir por la vida de mujer en mujer, parecía que tenia un vacío que buscaba llenar y cuando no lo encontraba, seguía su búsqueda sin importarle los sentimientos de nadie, a veces pienso que le sastifacía ver el sufrimiento o la alegría que podía provocar.
- No, no pasa nada, solo quería aclarar algo. dije apartando el pelo de mi cara. Casi automáticamente deje la taza a un lado y tome mi cartera y metí la mano en ella.
- Bueno, me imagino que has venido a algo, pero creo que ya dejamos claro lo del otro día, ya hay otra persona en mi vida, es mejor que no vuelvas por aquí- me dijo
- No pensaba volver por aquí jamás maldito, tú me hiciste volver, sabes que hiciste y me la vas a pagar. Me escuchaba gritando como una histérica y no podía evitarlo, el corazón amenazaba con explotarse en mi pecho.
- No se a que te refieres, dijo despreocupadamente mientras encendía un cigarrillo, era muy hábil cuando quería evadir un tema.
- Si lo sabes, dije yo sin conocerme la voz, -que me botaras como un zapato viejo lo entendí y lo acepte, pero atreverte a tocar a felicia, es una niña maldito, seguro la envolviste, como me envolviste a mi.
- Ya felicia no es una niña, tiene 16 años y te puedo asegurar que es toda una hembra, me tiene loco, desde hacía tiempo que notaba como me miraba y decidir ser su maestro en la cama, se ha convertido en una zorrita fenomenal, he hecho muy buen trabajo con ella, he pensado hasta en casarme, si no te opones, pero estoy seguro que a Felicia poco le importara si te opones o no. dijo echando una bocanada de humo y haciendo un gesto obsceno con la boca. - esta claro?-
- Muy claro, muy claro te va a quedar a ti maldito- dije- enloquecida y sintiendo que una rabia sorda se apoderaba de mí, al tiempo que le asestaba un fuerte golpe en la cara con la manopla, el impacto fue tan fuerte que cayo de bruces en el piso con todo y silla a lo cual yo aproveche y me le tire encima golpeándolo hasta que perdió el conocimiento, me mire mi mano estaba toda magullada por la presión que ejercía el objeto que tenia en ella, me quite la manopla, que estaba toda llena de sangre y la volví a colocar en mi cartera sin ni siquiera preocuparme por limpiarla, le sonreí y como si fuese una persona le di las gracias por haberme ayudado a castigar a aquel que me había castigado tan cruelmente, aquel bache en las entrañas de mi alma, que no superaría y que en ese momento no quería superar, era como si me regodeara en mi dolor como lo hacen los cerdos en el lodo, quizás secretamente disfrutaba siendo herida y siendo la victima, quizás era siempre la victima, por que sonaba con ser rescatada. Sin embargo al verlo allí tirado y lleno de sangre empecé a llorar, como si se me fuera la vida en cada lagrima, cada una representaba una de sus sonrisas, sus mentiras, el amor recién descubierto y el rechazo recién estrenado, con mis manos temblorosas le acaricie el rostro mis lagrimas seguían cayendo sobre su cara ensangrentada haciendo pequeños surcos, abriendo nuevos caminos en su piel, era como si le estuviera bautizando con mi dolor devolviéndoselo a su causante sin embargo no dude ni un instante de que esa noche la humanidad de Fabricio Báez, dejaría este mundo, el amor a veces nos puede llevar a hacer cosas que nunca imaginábamos que éramos capaces de hacer, allí estaba yo, dispuesta a cobrar una afrenta hacia el único hombre y ser humano que había amado y había representado el ingreso al mundo de los sentidos y de la entrega y para el cual yo no había sido mas que un corazón desechable, usado y botado al paso de una carretera.