lunes, marzo 20, 2006

Mar de Lagrimas y Esperanza ((Cap.4)



Maria quería gritar, creía que se iba a morir del miedo, no veía nada y una de las manos que la sujetaban le tapaban la boca.
-¡Cállate, Cállate!, no te voy a hacer daño, pero si no te callas si te voy a dar un buen trompón en la bocaza esa que tienes.
Maria temblaba como una gelatina, pero se dejo llevar, ya sin oponer resistencia, era arrastrada por la maleza como si fuese una muñeca de trapo, no le había podido ver la cara a su captor, llegaron a un claro, la luna iluminaba el océano y las manos que le tapaban la boca, la soltaron, se dio media vuelta y allí pudo ver la cara de su captor.
Un hombre de tez morena y pelo crespo le miraba desde el otro lado, había una especie de maldad que emanaba de aquel ser, que puso la piel de gallina a Maria, sin embargo el hombre sonrió y se dirigió amablemente hacia ella.
Disculpe, soy Tomas, soy parte de la gira de esta noche, siento que las cosas hayan estado así, pero teníamos que asegurarnos de que nadie la estaba siguiendo, ahora con eso de la policía secreta y la marina, nos están acechando, por eso no podemos correr riesgo, como se llama?
-Maria… ¿usted es?
-Soy Tomas, el Capitán, si se quien es usted, Nora me ha hablado de usted inclusive me envió una foto y me la encargo mucho, no se preocupe, conmigo estará segura, he hecho esto muchas veces ya.
-Si eso me dijo Dora ¿y donde están los demás? ¿A que hora nos vamos?
La ansiedad era notoria en la voz de Maria, aun estaba muy nerviosa por el susto que había pasado.
-Nos vamos aproximadamente en una hora. Dijo Tomas al tiempo que prendía un cigarrillo, los demás están ocultos en una cueva por aquí cerca, venga conmigo tienen que estar todos juntos cuando nos vayamos. ¿Y usted no trajo nada de agua ni de comida?
-Si, dijo Maria enojada, pero se me cayó cuando usted me arrastro por los matorrales.
Espere un momento, déjeme ir a buscarla.
Tomas desapareció entre los matorrales volviendo con la mochila de Maria. Para ser un hombre con ese barrigón es bastante ágil pensó Maria.
-Venga dese rápido, que tamo tarde.
Caminaron por una especie de sendero que daba a unas cuevas rocosas, allí ocultos e iluminados por unas velas, se veían unas sombras que a medida que se acercaron fueron tomando forma.
Había un grupo numerosos de personas, hombres y mujeres de diferentes rangos de edad conformaban la masa humana que llenaban el espacio. la atmosfera era de silencio y expectación y la poca iluminación de la cueva contribuía al intenso fluir de emociones que flotaban en el ambiente.
-Acomódese por donde pueda y no haga ruido, ya Ramón esta chequeando la Zona y en cualquier momento nos vamos.
-No es que yo sea Cabalero, pero vuelvo y pregunto, si haya una mujer en el grupo que este menstruando dígamelo ahora.
Se miraron unos a otros, pero nadie dijo nada.
-bueno, mejor así, no llevo en mi barco mujeres con “eso” es de mala suerte para los navegantes.
Y dicho esto salio sigilosamente de la cueva, internándose de nuevo en la oscuridad.
Maria se acomodo como pudo al lado de una muchacha morena, de pelo rizo, al principio solo le sonrió tímida, pero a los 15 minutos ya eran amigas intimas.
(Continuara)
Autor: Principe Mestizo (A.G.)