martes, marzo 21, 2006

Mar de Lagrimas y Esperanzas (Cap. 5)



La chica en cuestión se llamaba Roberta pero le gustaba que la llamasen Berta, tenia 25 años y tres niños, el padre de los niños la había abandonado hacia 2 años y dado que no tenia mucha instrucción apenas la primaria no encontraba trabajo y los que encontraba como domestica le pagaban una miseria, sin decir los malos tratos que había que aguantar, por dicha situación y pensando en los niños se había decidido a probar suerte en Puerto Rico, dejando los niños con su mama y vendiendo todo lo que tenia para juntar lo del pasaje.
Tenia un temperamento alegre y muchos sueños se vislumbraban en su cabeza.
-mire doña Maria, voy a trabajar como una burra, pa’juntar esos chelitos y comprarme mi casita y poner un negocito, yo se que nos va a ir bien, lo único que me duele es dejar a mis hijos, pero mi Avelino, Pedrito y Vilma, van a entender que su mami se fue para darle lo que ella no tuvo, ¿usted cree que lo entiendan?
A Maria se le hizo un nudo en la garganta.
-Claro que lo van a entender mujer, si todo esto lo hacemos por ellos. Y dicho esto abrazo fuertemente a Bertha, las dos empezaron a llorar, las dos se entendían, eran diferentes generaciones pero compartían el mismo sueño, una vida digna.
-Si parecemos dos locas, son los nervios. Dijo Maria secándose las lágrimas y riendo a la vez.
-no doña Maria, no estamos locas, solo estamos llorando, yo ya me siento mejor, se me quito ese nudo que tenia en el corazón, gracias por abrazarme.
-de nada mi niña, de nada, dijo Maria en un tono parecido al que utilizaba para acurrucar a sus nietos.
-Animo, que vas a ver lo bien que nos va a ir.
En ese momento irrumpió Tomas con una linterna, aluzando a cada unos de los rostros asustados que le devolvían la mirada.
El momento ha llegado, nuestros contactos nos han dicho que es seguro salir, van saliendo uno por uno y sin hacer ruido, siguen el sendero que va al mar, ahí verán la yola, dentro de ella yo soy dios y el que no obedezca se sale de ella, ¿entendido?
Todos asintieron, uno por uno fueron saliendo, caminando como zombis, sin detenerse y sin mirar a ningún lado.
Las ultimas en salir fueron Maria y Bertha, pero esta ultima parecía Nerviosa, tanto que Maria se estaba empezando a preocupar, repentinamente Bertha se voltio y con el pánico reflejado en la cara le dirigió a su amiga una mirada de puro y autentico temor.
-Bertha mi hija, que es lo que te pasa? ¿Te sientes mal?
-Ay Maria, no puede ser, me acaba de bajar, me acaba de bajar la menstruación, no se lo digas, no se lo digas por que si se los digo no me montan y pierdo el dineral que les pague.
-Cálmate muchacha, cálmate, sino se darán cuenta, esos son supercherías de los marineros, no pasa nada, solo que no le digas a nadie, ¿traes toallas?
-si, traje, aquí están.
-Pues pontela boba y rápido que ahí viene el capitán.
En un movimiento rápido, Bertha metió las manos entre su pantíes y acomodo la toalla lo mejor que pudo.
-¿Que pasa que no avanzan eh?
-nada capitán, quería hacer pipi antes de irnos, pero se me fueron las ganas ya.
- pues avazen, avazen.
Apurando el paso, Maria y Bertha llegaron al final del sendero la luna dibujaba un camino de chispas plateadas al horizonte, en la orilla estaba la yola, era una embarcación de madera, amplia y de aspecto solidó, pero insuficiente para el numero de personas que había.
-Somos 35, los conté mientras iban saliendo, dios no ampare y quepamos todos ahí. Meditando en esto se acerco y vio a un grueso grupo apiñado por todos lados.
-Móntense y acotéjense como puedan, pero móntense ya si no se quieren quedar.
-Unas manos ayudaron a Maria y a Bertha a subir.
Tomas y otro hombre empujaban la embarcación hacia el mar, al llegar a una profundidad adecuada, saltaron dentro y encendieron el motor.
Este sigilosamente hacia avanzar la embarcación sin hacer mucho ruido, se adentraban hacia mar adentro, se adentraban hacia los sueños y las pesadillas de todos.
Maria y Bertha, se miraban en la oscuridad, no podían distinguirse bien, pero eso no impedía que se mirasen.
-Tengo miedo Maria, tengo mucho miedo.
-Tranquila mi niña tranquila, nos vamos con ella.
Y dicho esto paso su mano por su medallita de la virgen que colgaba de su cuello.
-nos vamos con ella.
(Continuara)
Autor: Principe Mestizo (A.G.)