jueves, marzo 02, 2006

Mar de Lagrimas y Esperanzas. (Cap. 2)





Maria avanzaba rápido, le daba miedo andar de noche por el barrio, de un tiempo acá, estaban ocurriendo muchas cosas.
-Adiós doña Maria!!
-Adiós doña Nila, ¿como esta todo?
-Aquí mi hija, no mas pasándola
-Nos vemos Nila, vengo muerta del cansancio solo quiero llegar, y darme un baño y acostarme, ¿no sabe si paso el camión del agua?
-Si mi hija, vi a juanita que te compro un camioncito.
-¡Ay que bueno!, pues cuídese Doña. Ahí nos vemos.
Era muy conocida en el barrio de San Felipe, llevaba mas de 10 años viviendo allí y prácticamente todo el mundo la conocía, pero últimamente las pandillas y la delincuencia hacían que todo el mundo se encerrara en sus viviendas no bien caía la noche.
Llego apresuradamente a la paupérrima vivienda, cubierta de planchas de zinc y madera, abrió la puerta y se dirigió directamente al cuarto, se quito la ropa y se puso una bata de casa cómoda, encendió la radio y puso una emisora de música romántica, extenuada se sentó en una mecedora y subió los pies sobre una mesita.
Allí se puso a pensar en su vida, como cuando había venido a los 12 años con sus padres de Higuey, ya desde esa edad solía acompañar a su madre a las casas a lavar ropa, recordó también como a los quince años se le formo un cuerpo armonioso de mulata, como por bruta como ella misma se decía, cayo en las redes del primero que le dio muela, se fue de la casa con el y ya a los 18 tenia 3 hijas: Juanita, Mariíta y Luz, la ultima se le murió de Dengue sin que ella pudiera hacer nada por evitarlo.
Pedro, el marido se largo para Puerto Rico con la promesa de regresar por las tres, se caso con una boricua, obtuvo la residencia y se fue para Estados Unidos, nunca mas supo de el, a veces pensaba que había sido un sueño o mejor dicho un mal sueño que paso por su vida.
Ya sus padres habían muerto, solo le quedaban sus hijas, casadas y con dos hijos cada una igual iban por el mismo camino que ella ya había transitado, eso la llenaba de tristeza e impotencia, era como si la historia se repitiese miles de veces para la gente pobre.
Partía Mañana para Miches donde debían dormir en una playa, desde donde partirían hacia Puerto Rico, había pagado R.D$30,000.00 Pesos que logro reunir entre ahorros y gente que le presto con la promesa de que ella se lo enviaría tan pronto empezara a trabajar.
Tenía mucho miedo, pero mas miedo le daba morir de vejez en la indigencia, ya tenia 43 años, ya las carnes empezaban a acumularse y las canas inundaban sus sienes, no era aquella muchachita de cuerpo espectacular, pero aun estaba de muy buen ver, sus ojos marrones, soñadores y vivarachos alguna vez, lo cubrían una leve neblina de desencanto y desesperanza, miro una foto de sus hijas y sus nietos y no pudo evitar empezar a sollozar ruidosamente.
-por ustedes lo hago, por que tengan un futuro, puedan estudiar, puedan soñar y no terminen como yo, una mujer muerta, sin sueños y seca por dentro.
¡voy a echar pa’lante por ustedes! y por mi, por que no me quiero morir como una perra vieja en este barrio.
Sus hijas ya sabían de sus planes y tenían todas las instrucciones que debían de hacer con la casa y las pertenencias, ambas le suplicaron llorando que no se fuera, del peligro de los tiburones y de la gente que se decía tiraban al agua en alta mar, ella lloro con ellas pero igual les dijo que hacer, lo único que Juanita y Mariíta ignoraban era el día de partida, por que Maria no se quería despedir de nadie

El sonido del teléfono la hizo despertar de su letargo y presurosa fue a tomarlo.
-¡Alo!
Una voz gruesa y masculina le hablo por la otra línea:
-Maria, ya sabe quien le habla, mañana, debe estar en la noche en la playa de Miches, ya sabe cual es y ya le he dicho que puede o no llevar, no le diga a nadie, confío en usted por que la recomendó Dora, su prima, que ya ha viajado con nosotros.
- si, no se apure, lo tengo todo anotado para que no se me olvidara nada.
Dijo ella apresuradamente y tratando que no se le notara el temor y la excitación en la voz.
-nos vemos mañana entonces.
-hasta mañana capitán. Y colgó el teléfono, el corazón le latía apresuradamente y tenia ganas de llorar de nuevo, se puso la mano en la medallita de la virgen del Altagracia que portaba en el cuello suspendida de un grueso hilo negro, pero necesitaba algo mas grande y se fue al cuarto a ver la imagen de la virgen en un cuadro que estaba en cabecera de su cama.
-Virgencita, acompáñame en este viaje que emprendo, ten piedad de mi, tu sabes que lo hago por mi y por mis hijos, permíteme llegar, déjame llegar y dame fuerzas y salud pa’trabajar mucho y ayudarlos, madrecita de Dios, me voy, pero me voy contigo.
Las lágrimas le hacían ver la imagen difusa, pero sabia que la Virgen le acompañaría, sabia que ella siempre había estado allí.
Se seco las lágrimas y salio al patiecito, miro la luna, abrió los brazos y silenciosamente le dijo:
-Mañana me voy luna, mañana me voy.
(Continuara)
Texto...Principe Mestizo
Foto....Janio Trinidad