lunes, octubre 16, 2006

Sexo Pagado

Llegamos al motel de prisa, estaba ansioso, excitado. Los besos que nos dimos en el carro, mis manos en sus senos, sus manos en mi sexo, me tenían a mil y si a eso sumamos el efecto de la Vodka que corría por mis venas…. Bueno, no hay más que imaginar. Esto prometía una noche de esas de la vida loca que tanto pregona Ricki Martin en su canción. Yo estaba loco sin duda, nunca había pagado una prostituta, pero tras mi divorcio con Susana se me hacia difícil el ligar y esa noche sin duda el destino me había mandado a Sandra.
Me acerque a la barra del bar, allí estaba ella, una mulata de pelo rubio oxigenado, ojos color miel (posiblemente de contacto) y con un cuerpo de curvas peligrosas y bien pronunciadas, estaba en los inicios de sus treinta, pero aparentaba menos, la mire, me miro, le invite un trago y a la hora ya nos estábamos tocando y parecíamos conocidos de toda la vida, no creía mi buena suerte de esa noche. En un movimiento audaz deslizo su mano por debajo de la barra tomando mi pene en sus manos, como si lo sopesase, como si quisiera cerciorarse de su tamaño, sabiendo que por “allí” me tenia dominado.
Se acerco a mí sin dejar de quitar su mano de mi entrepierna.

…...Abel, me gustas mucho, me gustas tanto que solo te cobrare la mitad.

…...¿Cobrarme?

…….Asi es, ¿no te has dado cuenta?, vivo de mi cuerpo, pero tú eres especial, tú me gustas mucho, por eso te daré un “descuentito” por así decirlo.

Yo estaba excitado, desesperado por quitarle ese vestido que se le ceñía como una segunda piel.
…….. ¿Y cuanto es el “precio especial”?. Pregunte quebrándoseme la voz mientras ella seguía haciendo maravillas con sus manos.

…....son 2,500.00 pesitos papi, pero ese será el dinero mejor invertido de tu vida.

……..Vamonos!, le dije al tiempo que la tomaba de la mano y salíamos del lugar.

Al llegar al Motel
Se quito la ropa despacio, su mirada insinuante casi me hizo tener un orgasmo en ese instante.
Yo ya esta desnudo acostado en la cama, esperando que se acercara, con una erección que amenazaba con explotar y que reclamaba su atención inmediata.

Sandra se acerco y se coloco encima de mí, brindándome sus senos vibrantes. Los engullí desesperado, provocando sus gemidos ensayados y sus orgasmos actuados. Pero no me importaba esa noche lo que quería era vaciarme y demostrarme que aun hacia gozar a un mujer, aunque esos gemidos fueran patrocinados por mi tarjeta Visa.

Después de degustarme y lamerme completamente, decidió que ya su tiempo se cumplía y abrió sus piernas dispuesta a recibirme en sus adentros, mi mano derecha se dirigió al pequeño diván en el que había par de condones.

……¡no!, con condones no me gusta, no siento nada con esa goma papi, éntralo a mano pela, así es que me gusta, ven deja eso.

Sin pensarlo o mas bien pensando con la cabeza de abajo le hice caso y la penetre sin conciencia.
Al terminar, le pague su dinero y la deje de nuevo en el bar.

……¡Ya sabes donde encontrarme Abel!, ¡estoy aquí siempre, ¡adiós chulo!, estuviste buenísimo en la cama. Dio una vuelta y se adentro de nuevo en la oscuridad del lugar.

Eso fue hace 5 años atrás, esa noche la recuerdo con cada detalle, como si fuese una película con un final triste, esa noche marco mi vida para siempre.
Pero no fue por eso que mate a Sandra hace 3 años, no es por eso que estoy en la cárcel, no es que Sandra haya sido la culpable. El culpable fui yo por no haberme cuidado, por no haberme protegido, era mi responsabilidad cuidar de mí.
Sandra esta 10 metros bajo tierra. Yo estoy enterrado en vida.

¡Pero, esa maldita lo sabía!

Y yo ahora lo se también. Las que no lo sabían eran Miriam, Paola y Karla y sus parejas de ahora…… Aunque algo me dice que pronto lo sabrán.