miércoles, marzo 01, 2006

Mar de Lagrimas y Esperanzas Cap.1



Maria contó el dinero que le entregaba la patrona, eran R.D$2,300.00 pesos quincenales por el lavado y el planchado de 8 personas en esa familia, se guardo el dinero entre sus sostenes y con la mirada humilde que da el haber pasado muchas necesidades en la vida, se dirigió hacia su jefa:
-Doña Brenda, esta es la última vez que vengo, ya no voy a poder seguir lavándole y planchándole.
-Pero mi hija!.... ¿Ahora tu me dices eso?, ¿ y como me voy a hacer yo la semana que viene?,¿ pero por que te vas?,¿ acaso no te hemos tratado bien?
-Si Doña, pero mi marido no quiere que yo trabaje ya, míreme las manos, están todas ampolladas por los detergentes, yo la quiero mucho y le agradezco, pero me tengo que ir.
Se sentía avergonzada ante su patrona, pero no estaba dispuesta a ceder.
-Bueno-.Suspiro resignada Brenda… ¿y por lo menos no me puedes recomendar a alguien?
-voy a ver si mi hija Juanita tiene un chance en la semana para que venga, es muy buena y trabajadora, así que se la mandare si esta disponible de tiempo-. Dijo a la vez que abrazaba a la señora y se dirigía a la puerta.
-nos vemos doña y gracias.
-nos vemos Maria- repitió fastidiada Brenda. Tendría que empezar a buscar una chica que lavara y planchara y con lo difícil que era conseguirlas en la ciudad, no duraban y las que aparecían había que tener 5 ojos sobre ellas nos se fueran a robar algo, ya Maria era de confianza y le indisponía tener que empezar a buscar nuevamente.
Tenia lavadora, pero opinaba que dejaban con todo el sucio la ropa, por lo que le gustaba que la ropa de ella y de su marido, fuera lavada a mano.
Se sentó en medio de la sala, encendió la televisión y puso el canal de las telenovelas, borrando a Maria ya, de su memoria, como otro rostro de los de servicio que habían desfilado por su mansión, todos iguales, todos humildes, todos necesitados, ¿pero a ella que le importaba eso?, solo le molestaba que no tenia quien le lavara.

Maria bajo rápido las escaleras de servicio de la exclusiva torre y se encamino presurosa hacia la parada de guaguas, estaba sola, se sentó en uno de los bancos, respiro hondo y no pudo evitar sentir ese miedo indescifrable en el alma, ella sabia que todo lo que había dicho minutos antes era una mentira. No dejaba de trabajar por que su marido se lo pidiera, ella sabia que dejaba los trabajos que tenia, por que había tomado una decisión riesgosa pero a su entender necesaria, ya tenia 20 años lavándole ropa a los ricos y no tenia nada, ni una casa, ni ropa decente, nada, todo se le iba en comida y medicinas y escuela, por eso se iba, se iba para Puerto Rico en una yola, a pesar de su miedo intenso al mar y a las pesadillas con tiburones que últimamente la hacían despertar con gritos en medio de la noche, se iba de la isla, eso ya estaba decidido.
Las luces de la guagua que se acercaba la sacaron de sus pensamientos y en silencio abordo el bus, que la llevaría de vuelta a su miserable casucha.

(continuara)