martes, marzo 28, 2006

Mar de Lagrimas y esperanzas (cap.5)



El sol azotaba inclemente a los pasajeros de la yola, Maria se sorprendía de que hasta donde le llegara la vista solo veía mar, agua y mas agua, aquello le atemorizaba, sumado esto a la molestia de que no se podía casi ni mover por el espacio minúsculo en el que estaba, el hacinamiento era insoportable, los olores corporales empezaban a manifestarse debido al intenso calor. Miro a su lado, Berta dormía, como pudo intento pararse pisando en el trayecto varios pies y manos, se apoyo de una de las barandas y vomito, sentía que se le iba el alma, cada vez que vaciaba su estomago, los vaivenes de la embarcación habían hecho que ya varios sufrieran los efectos del mareo, pero ella había hecho lo imposible por no hacerlo.
-ja, ja, ja, ja, comida para los peces, ¿no Maria?-, dijo tomas en un tono que denotaba burla
Maria lo miro con rabia, el estado en el que se encontraba no se le hacia fácil tomar la broma que este le hacia y de nuevo no puedo evitar sentir miedo hacia ese hombre.
-Siéntese o va a seguir vomitando, ya estamos en altamar, aquí el oleaje es fuerte.
Maria pensaba que la situación en la que se encontraba era irreal, los hombres hacían sus necesidades fisiológicas delante de todos en cajas de cartón o bacinillas y luego lo tiraban al mar, las mujeres por igual en vasos de cartón, el olor era insufrible, pero nadie se quejaba, todos tenían puesto su corazón y alma en Puerto rico. La voz de Bertha la volvió de nuevo a la realidad.
-Maria venga y siéntese, vamos a “picar” ¡algo, mire lo que traje!
-¡Muchacha y toda esa comida!
El aroma del salami guisado con mangu de plátanos inundo la embarcación, todos salivaron del gusto.
-El mangu esta frió pero aun esta bueno, necesitamos comer algo que nos de fuerzas.
-No, mi hija no, yo me voy a beber esta malta morena que traje en la mochila, acabo de vomitar el alma y no me siento con ganas de comerme un mangu ahora.
-bueno pues le voy a guardar la mitad, para mas tarde, ¡ummmm esta rico! No se si es el hambre pero esta buenísimo.
-¡que te aproveche! Dijo Maria al tiempo que le daba un sorbo a su Malta Morena
Un golpe de mediana intensidad se sintió en el fondo de la yola, causando cierta alarma, luego esporádicamente se sintieron otros, todos se miraban sin atreverse a preguntar que sucedía.
-Ya, ya, cálmense y dejen de preocuparse, eso que sienten son tiburones que merodean la embarcación, pero es normal, estamos cerca del “Canal de la mona” y siempre pasa, así que no hay razón de tanta alarma.Otro golpe seco se sintió, Bertha ahogo un grito pues lo sintió justo debajo de ella y recordó lo de su menstruación, ¿seria verdad lo que había dicho Tomas o eran puras supercherías?
Cerró los ojos y comenzó a rezar, la idea de esos “monstruos” rondando debajo de ella le daba pavor.
Maria le paso una mano por la cabeza y la enredo en los rebeldes rizos, -Tranquila ya ves que dice que es normal, que siempre pasa, no hay de que preocuparse.
-¡shhhhh cállense, déjenme oír!- Tomas se concentro en el sonido que creía percibir.
Rápido todos al suelo, no importa que queden unos arriba del otro, tirense que viene una avioneta, rápido, rápido.
Maria y Bertha quedaron aplastadas por el peso de varios, pero la adrenalina liberada en aquellos momentos la impulsaba, solo alcanzo a ver como Tomas sacaba una lona azul de gran tamaño y ayudado por otros la extendía por encima de la embarcación dejándola totalmente cubierta.
El calor era sofocante y la lona lo maximizaba, la sensación de oscuridad, mal olor y claustrofobia eran agobiantes para Maria.
-¿por que hacen eso Tomas, por que la lona?
-Cuando pasan desde arriba, no nos pueden ver, por que la lona se confunde con el azul del mar.
-Vaya, una especie de truco para no ser vistos, no cabe duda que los dominicanos inventan, ¡madre Maria Purísima!
EL sonido de la avioneta se hizo mas fuerte y de un momento a otro fue disminuyendo hasta perderse nuevamente.
-ya paso el peligro-, Tomas salio y quito la lona.
Un soplo de aire fresco y de brisa marina envolvió a Maria y Bertha, devolviéndoles las fuerzas.
-bueno estuvo cerca, pero ya estamos fuera de peligro, tranquilos.
La atmósfera había cambiado ligeramente, de la nada como suele suceder en los trópicos empezó a lloviznar.
-Tomas volvió al mismo proceso de colocar la lona, apago el motor y se metió con los demás dentro.
Hay que esperar que pase la lluvia, debe ser una lloviznita que pasa en un rato.
En eso un fuerte trueno pareció contradecir a Tomas, seguido de otros más.
Maria y Bertha no hablaban, pero tenían mucho miedo, el terror les invadía el cuerpo, sin que ambas pudieran hacer nada por evitarlo, mientras los choques en el fondo de la embarcación se hacían cada vez más sonoros.