miércoles, abril 12, 2006

El Regreso(Epilogo)




Maria esperaba en el aeropuerto, habían pasado cinco años de esfuerzo y sacrificio, ahora retornaba en condiciones muy diferentes a la que había llegado, ahora llegaba por aire, cargada de regalos para los suyos, los años habían pasado pero se sentía y se veía mas joven.
En los primeros meses su comadre Nora se comporto mas que una hermana, la puso a trabajar con ella y le dio alojamiento, Maria ahorro cada centavo que pudo y al año puso una fondita con los ahorros guardados y un préstamo que le hizo Nora.
“Cafetería: la criolla” rezaba el tosco letrero en madera y pintado a mano, el local, una casa de madera, en la cual Maria dormía también, no era muy grande, pero si muy limpio y tenia cierto encanto de las casitas de campo de los pueblos de Republica Dominicana.
La decoración, evocaba la nostalgia de nuestras raíces, tamboras, acordeones, sillas de guano y una hermosa Bandera tricolor, símbolo patrio de Maria y de todos los nacidos bajo el cielo de Quisquella la bella.
El menú comenzó modestamente con Sancocho, mondongo, Mangu y la bandera Dominicana (Arroz, Habichuela y Carne), pero la voz se fue corriendo sobre el sazón de Maria y ya los domingo la fonda se llenaba de Boricuas y Dominicanos, degustando el inigualable sabor de la comida de “la negra”, como ya todos le llamaban cariñosamente.
el negocio creció con el tiempo y hubo que trasladarlo a otro local mas grande, Maria no lo creía, a veces le pasaba que creía que estaba en un sueño e iba a despertar y a veces bromeaba con Nora diciendo que así como las desgracias vienen juntas las bendiciones también.
No es que las cosas eran fáciles, tenia que levantarse a las 5:00 a.m. a pelar víveres, sazonar carnes y encender los calderos, pero lo hacia con amor y contenta, estaba guardando todo lo que podía y solo pensaba en hacer su casita como dios mandaba, ya al ano y medio comenzó a mandarle dinero a sus hijas para reconstruir su casa en bloks y cemento y la cosa iba muy avanzada ya, cada vez que le llegaba una carta(Maria se negaba a usar el Internet, no lo entendía y prefería el correo tradicional) de sus hijas con fotos de cómo iba la obra, Maria saltaba, lloraba, se la enseñaba a Dora y a todo el que quisiera ver, ese día cocinaba mas rico y con mas ganas.
En Borinquen Maria encontró el amor, lo que al principio empezó como un acuerdo de negocio entre ambos por papeles, se convirtió en una pasión sosegada e intensa donde dos adultos mayores se proponen dar lo mejor de si en pos del otro. Leonidas era un Boricua nativo de Mayagüez, de unos 48 años, apuesto, con canas grises en su aun espesa cabellera lacia y había trabajado toda su vida en la industria de la construcción, era Amigo de Dora y por eso y por U.s$5,000.00 había accedido a casarse con Maria para que esta legalizara sus papeles, pero poco a poco se enamoro del sazón de esa mulata, de sus atenciones, de su alegría y de esa nostalgia que se podía leer en sus ojos.
Se dio cuenta que a ella, el no le era indiferente y al final no cobro el dinero, pero gano el corazón, el cariño y la compañía de Maria, ambos estaban y se sentían muy solos por lo que encontraron un bálsamo de amor tranquilo y consensuado pero no por ello exento de pasión.
Maria suspiro, el se había quedado a cargo del negocio en su ausencia, Lola una Dominicana que acababa de llegar, oriunda de Barahona trabajaba con Maria en la cocina y se iba a encargar de suplirla en su ausencia y dos chicas mas atendían las mesas.
-Ahora hasta empleadas tengo, jajajaj- Maria rió para si.
Por las bocinas empezaron a llamar a los pasajeros, Maria se levanto y enfilo rumbo al área de abordaje y se dio cuenta de que rápido pasaba el tiempo y como cambian las cosas en las vidas de las personas, busco su medallita y pensó en que hacia 5 años que Bertha había muerto en las turbulentas aguas del canal de la mona, todos los años Maria celebraba una misa a su nombre y trato infructuosamente de contactar a la familia, su regreso era el regreso de ella, de Bertha y de miles de Dominicanas que habían tenido coraje y suerte en torcer su destino y enfilarlo hacia otros rumbos.
Feliz miro el avión y cerro sus ojos, sonrió, le pareció escuchar a lo lejos, el sonido de una bachata.