martes, noviembre 21, 2006

El privilegio de dar



Siempre he tenido bien claro que poder ayudar a alguien es un privilegio, el poder dar de lo poco o mucho que uno tiene y verdaderamente darlo de corazón, sin esperar nada a cambio, no tiene precio.
Nuestro deber como seres humanos es tratar de dejar una huella en el universo, hay tanta gente que necesita de nuestra ayuda ahí afuera.
No solo se aporta dinero, podemos donar nuestro tiempo, nuestro apoyo a un amig@ que este pasando por una crisis, a niños enfermos, a los ancianos.
En fin, dar es un privilegio del cual obtenemos muchas sastifacciones, ver a una persona feliz por nuestra causa, ver que hacemos una diferencia en la vida de alguien, saber que estamos cumpliendo con nuestro destino divino que es el de amar al prójimo como a uno mismo y yo añadiría mas, al prójimo, a los animales, al medioambiente, al planeta tierra que cada día sufre y se destruye por nuestra causa.
Yo he pasado tiempos difíciles, créanme cuando digo difíciles, pero he sido bendecido con amigos que se han convertido en hermanos, que han estado allí en los momentos de desesperación, que me han regalado cosas que el dinero no puede proveer: solidaridad, apoyo, respeto y no han esperado nada a cambio por ello.
Todo esto viene a colación por que quiero que sepan que aun en los momentos oscuros Dios esta ahí, que quien hace daño a un hijo de Dios la justicia divina se encargara de darle su castigo y que todos estamos llamados a hacer una diferencia en el mundo, a tratar de ser mejores seres humanos, así como nos empeñamos en ser mejores profesionales cada día.
Todo esto es efímero, nuestra ropa, casas, carros, vicios, etc.
Hay un compromiso de hacer lo mejor que podamos con lo que Dios nos dio y la sastifación que uno siente cuando uno da lo mejor de si, no tiene madre!.
No es que me haya vuelto evangélico ni nada, solo quiero que mediten y reflexionen. ¡Vamos a ser la diferencia, en nuestra casa, trabajo, círculo de amigos, etc!
Le agradezco mucho a Dios por el año pasado y parte de este, por no abandonarme cuando la rabia y la impotencia me hacían renegar de el, cuando mi circulo de amigos que era tan amplio se redujo considerablemente, cuando solo quedaron los que de verdad se tenían que quedar, cuando sentí que me había dejado el tren.
Y era mentira el tren nunca me dejo, solo creí que lo había perdido, la bruma y el humo me impedían verlo.
Recuerdo que en esa estación solo quedaban, mis 4 amig@s verdaderos, mi familia y el más importante: Dios.
Gracias por enseñarme a recibir y gracias por enseñarme a dar.
Permíteme ser instrumento de tu paz.
¡Que Dios les bendiga!