jueves, octubre 25, 2007

Ruinas (Episodio 2)


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Alberto entro despacio sin hacer ruido pero al parecer en la casa se habían dado cuenta de su llegada, pues se escuchaba un alboroto de voces y casi al segundo salió la regordeta de Chencha, con sus caderas amplias como su corazón y portando una gran sonrisa, le dio un abrazo tan fuerte que por poco le rompe las costillas a Alberto, mientras lloraba y le decía:

… mi niño, mi niño, cuantos años han pasado, si Doña Olivia estuviera aquí y le viera estaría tan orgullosa de verlo convertido en un hombre de bien… decía esto y volvía a abrazarlo y a besarlo.

Alberto por poco se quiebra en llanto al escuchar el nombre de su madre, agradecía mucho a Chencha, esa negra de busto grande, rechoncha y con amor de sobra en el corazón para repartir a un país completo, pero se reprimió, no se podía permitir ser débil en ese momento, apartándose de los múltiples abrazos de la mujer, la miro y le hablo tan bajo que casi pareció un susurro.

…¿Y el viejo como esta?, ¿esta durmiendo?

….¿que durmiendo va a estar a esta hora?, si lo vio llegar pero se fue a su habitación a acicalarse para que usted lo viera bien limpio, me dijo que le dijera que estaba durmiendo para darle tiempo…Jejeje.

Recuerda mi hijo, son 9 años que usted se fue, la gente envejece y las fotos por más fotos que le hayamos enviado no se comparan con la realidad.

…Así es Chencha, todo envejecemos, mírame a mi, me fui sin una cana y ya parezco una cabeza de algodón.

...Pero venga y entre a su casa, páseme esa maleta y deme tiempo que le voy a hacer un azopao de pollo criollo que se va a chupar los deos, mire que flaco me lo tienen!, pero descuide que en este tiempo que va a estar aquí lo voy a mandar gordo pa” los nuevayores.

…No Chencha yo llevo la maleta a mi cuarto…claro, si todavía es mi cuarto.

…mi niño, esta siempre será su casa, después de lo ocurrido con…Chencha hizo una pausa. Bueno, después de lo que paso, su mama insistió en mantener su cuarto como cuando usted se fue, pero pasaron 9 largos años y no logro ver su retorno.

…Si lo se, pobre mama, tan débil que se adapto a vivir en una cárcel y nunca tuvo el valor de escapar, pero no hablemos de eso ahora, déjame ir a llevar esta maleta al cuarto y ponerme un poco cómodo.

Alberto siguió por el pasillo que llevaba a las habitaciones, la casa seguía limpia y en muy buen estado, a ambos lados de las paredes de madera las fotos le mirabas como riéndose del pasado, su padre vestido de militar, la primera comunión de el y Javier, su hermano.

Uno de los motivos de su autoexilio y de su eterna tristeza.

Abrió la puerta y entro, Chencha no mentía, el cuarto estaba igual de cómo lo recordaba, la brisa fresca bañaba la habitación, repleta de fotos, libros, almanaques y la presencia invisible como un fantasma de Doña Olivia que le daba la bienvenida al hijo a su casa.

Dejo la maleta a un lado y se sentó en la cama, en el gavetero estaba su libro favorito; La Divina Comedia de Dante, por un impulso inexplicable lo abrió, en medio del libro había una Lila, la flor favorita de su madre y con ella una llave.

Alberto miro la llave, le era familiar, esa llave pertenecía a un compartimiento secreto del closet, que en su niñez, su madre utilizaba para guardar dinero y prendas de valor, se levanto dispuesto a intentar ver si su corazonada estaba en lo cierto, cuando la puerta se abrió y allí, parado, erguido y con esa mirada altiva estaba su Padre.
Hola hijo, ha pasado mucho tiempo…

…si Papa… la voz le salió ronca y áspera:
… pero ahora mismo siento como si el tiempo no hubiera pasado.
(Continuara)