lunes, noviembre 12, 2007

El Apéndice


Uno de los momentos que recuerdo con mucha alegría, contario a lo que pueda pensar mis padres y familiares fue cuando de niño me operaron del Apéndice, fue una situación en aquella época, medio surrealista, chistosa, dramática, vaya usted a saber cuantas cosas mas, pero aquí les relato la historia.
Todo comenzó alrededor de los 10 o 11 años, siempre he sido gordito (no como ahora), por lo que al principio nadie me hacia mucho caso con los dolores de estomago que me empezaron a aquejar, inclusive con aquellos dolores me daba mi respectiva hartura en la cena y luego volvía a la cama a quejarme.
Hasta que un día no podía aguantar el dolor y mi mama me llevo a urgencias, donde me remitieron a otro medico que me hizo recitar las tablas del 2 al 7 mientras me pasaba la mano por el estomago buscando signo de inflamación (Imagínense yo que era tan malo en matemáticas, aparte del dolor, también la presión de acordarme de la tablas para no pasar vergüenza). Bueno se determino que era apéndice, que la situación era urgente y se programo la cirugía.
Esto desato un drama en la familia, (mi mama llorando por que pensaba que me iba a morir, mis abuelas consolándola, mi papa haciéndose el fuerte y mi hermano planeando ya mudarse a mi cuarto) para mi todo era una novedad, no tenia el menor miedo(es mas se me hacia emocionante que me operaran), pues entre una y otra cosa, el día de la cirugía llego.

Llegamos a la clínica y me pasan al quirófano, me sorprendí al ver que estaba lleno de enfermeras y doctores, ahí todo iba bien, hasta que me dicen que me quite toda la ropa, imagínense un carajito de 11 años, desnudo en medio de aquel tumulto de gente y acostado en una tabla de operaciones, Pues al puro estilo Nip Tuck, me desnude y me acosté, la cara la tenia como un Tomate de la vergüenza, me sentía un puro pedazo de carne a punto de ser destazado.
pero como todo tiene un final, me colocaron la anestesia, me dormí y desperté al otro día como si me hubiera atropellado un camión, con la cara de mi madre, abuelas y abuelos a la expectativas y con el cuarto lleno de regalos.

Lo que vino posteriormente fue muy hermoso, por que no sabía que tanta gente me quería, aparte de que me llenaron el cuarto llenos de regalos (chocolates (que obviamente no podía comer), golosinas, pijamas, ropas, juegos), por el hospital desfilaron muchísimas personas preocupadas y que me dejaron saber cuanto les importaba.

Como les dije de esta experiencia saque muchas cosas positivas, pero sobretodo el sentirme amado y querido por muchas personas que yo también apreciaba y en ese momento de vulnerabilidad, que estaba tendido en la cama y que no podía levantarme, eso significo mucho para mi, todavía esas personas ocupan un lugar en el corazón y la memoria de este servidor.
Por más que quise extender el periodo de convalecencia (ja,ja,ja), la sanación llego y me reintegre a la vida normal, nunca mas me han operado de nada.

Pero de esa experiencia, aparte de los fuerte dolores de estomago, lo que mas recuerdo es el cariño de amigos y familiares y cuando se me quiere olvidar que debo ser humilde, respetuoso, servicial, buen hijo, hermano, amigo e intentar ser un buen ser humano, solo tengo que posar mi mano del lado derecho de mi ombligo, unos centímetros mas debajo esta la cicatriz que aun queda, de un pasado feliz, de un pasado que aun ahora me arranca esta sonrisa.