viernes, junio 01, 2007

La camisa desechable

De los tiempos que recuerdo con más cariño fue cuando vine de Puerto Plata y rente una habitación cerca de la universidad en casa de la que hoy es mi amiga querida: Fifi.
Nuestra amistad comenzó muy tímida (hicimos química desde el primer momento) y luego se fue afianzando a escondidas de su hermano que al principio desconfiaba de nuestra amistad (lo entiendo yo era un desconocido en ese entonces, el solo cuidaba a su hermana como yo lo hubiese hecho también)
Fifi es artista por lo que tiene un temperamento muy parecido al mío, por eso y viéndolo en restrospetiva creo que congeniamos tanto y por eso también tiene un lugar muy especial en mi corazón.
Bueno resulta que en esa época de estudiantes ninguno de los dos andábamos muy en buenas que digamos, ese fin de semana cumplía años y mi mama tenia una cena planeada en mi honor y me disponía a ir para Puerto Plata.
Cuando estoy en el metro esperando que la guagua salga, se aparece Fifi inesperadamente, me da un abrazo y me entrega un regalo sorpresa que resulto siendo una camisa de cuadritos, muy bonita por cierto.
Pues bien como yo sabia que ella había hecho un gran esfuerzo para ese regalo quise agradarla, me fui al baño y me cambie la camisa que tenia puesta, por la camisa que ella me había regalado.
Ella se alegro bastante, pero ya mi guagua salía y nos despedimos, subo y me acomodo en mi asiento, pero en eso me dan ganas de ir al baño y me levanto, en ese instante si ustedes han visto al increíble hulk cuando se transforma, que su camisa se hace añicos, eso fue poco de lo que paso ahí, la camisa literalmente se hizo trizas.
Ya ustedes se imaginan este estriptease en pleno Metro, sobretodo con estos cuadritos que tengo tan marcados jajaja (risa irónica)
No se si mi querida fifí había comprado la camisa en oferta y la tela estaba podrida, la realidad es que eso es un misterio aun, digno de X-Files.
Pues bien con mi torso al descubierto y solo las mangas de la camisa como atuendo, le dije al chofer que si podía abrir el maletero para buscar mi bulto y sacar mi camisa, por supuesto que tenia la acara más roja que un tomate y que durante ese viaje no dije una palabra de la vergüenza que tenia.
Fifi aun no me cree la historia, pero en este cumpleaños pasado se reinvidico y me regalo una tremenda camisa.
Esa es la primera de nuestras aventuras por que en ese tiempo que viví en su casa tuvimos muchísimas aventuras, que poco a poco les iré contando.